martes, marzo 20, 2007

17/03

A pesar de que la testosterona del zagal fue el tema recurrente durante los primeros quince minutos (vaya culadas), enseguida volvimos por nuestros fueros.
Hicimos café.
El campo estaba como tenía que estar en una tarde de finales de invierno y la cabeza del fraile en el mismo sitio, los árboles eran nuevos y los estuvimos regando: con agua y alabanzas (¿a los árboles se les hace mal de ojo?).
Hablamos de palas y de pozos, hubo quién programó un sistema de riego para los árboles, solo de agua esta vez, picoteamos aquí y allá, alguien nos confirmó lo que sabíamos todos: nuestra inteligencia es superior a la media (a la media de la cabeza del fraile, seguro) y nos vinimos al pueblo.
Pusimos música.
Saber trasmitir lo que uno piensa, sus ideas, sus inquietudes, sus ansias, sus sueños, lo que uno quiere, lo que uno odia.
Y luego la Religión, con sus dogmas y su liturgia,la de mi padre y mi madre,la de Esaú y Jacob, la de Moises,la de Pedro y Pablo y la otra.
La mía y la de mi hermano,la de Pedro y Olvido, con sus dogmas y su liturgia y también con sus anatemas.
Después nos fuimos.