¿Supervivientes o supermorientes?
Una vez reconfortados los ánimos porque, mal que bien, nos hemos cerciorado de que todos seguimos vivos (incluyendo a los que prefieren evitar los cierzos manchegos y quedarse mirando la costa de África), me atrevería a decir que las cofradías son el único remanso de lucidez que podemos disfrutar. Hecha la excepción, no obstante, de pequeñas nimiedades que, entre amigos, se suelen tolerar. Ande por delante que cada vez 'semos', y además parecemos, más viejos y por ende, más caprichosos y apegados a melindres de monja.
Digo lucidez, porque cada vez más veo estas reuniones como una visita al confesionario ¿o tiene un increyente como yo que recordar que la primitiva función de ese añejo cajón relleno de cura de almas bisbiseante era la reconciliar a cualquiera consigo mismo? Leí el martes que el alma está en el 'celebro', lo cual no es nada de nuevas, pues ya lo decían los librepensadores del XVII, y que aquélla precisa gozar de vez en cuando de un lugar seguro en el que expresarse, y cuál va ser mejor, decían antaño, que la amistad.
Lamentablemente, cada vez nos sentimos más solos porque no le damos la importancia debida a esta palabreja, perdidos en muchas actividades a cual más peregrina y ajena al mundo de cada quisque. Nada es perfecto, o bien no puede ser perfecto. No sé que le pedimos a estas reuniones, pero quien les exija mucho probablemente saldrá trasquilado, pues no está la solución sino en esperar, observar y aprender lo que uno buenamente pueda.
Termino diciendo que ojalá nos encontremos un año siempre mejor que el que dejamos atrás. Porque si esperamos emperorar, lamentablemente hay una vocecita dentro de cada uno de nosotros que se empeñará en darnos la razón, pues está para eso, para joder la marrana.
Felicidades a los supervivientes


0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home